Since I close my eyes, the shades in her natural, underlying functioning, to the meeting of a branch of clouds stopped in the air, the man sat opposite to a table full of imaginary appliances, with which her peregrinaje initiates, speech with honesty of her work, cultivating, and to create a guitar, to give life to this wonderful disc, polite of simple melodies for strings made concrete with spiritual serenity, a desert of dark sands, from the top of a dune, where they come rolling the dry branches that indicate the austere condition of her environment, of an environment just before coming to my feet, And it sinks when the first note sounds, interpreting this doubt in the duality of the facts, with perfection it denotes to the fear, this cold caress of the iron to the meat, when it is not possible to be orientated in the infinite position of belonging, lost to the compass of the following cuts, in the black surface, all his senses in a mantra, until in Twilight Conversation we recognize the soul a hole, of vegetable fragrances, they will be 2 meters to the bottom, it penetrates, in search of water, and of surviving the enchantment, which out blows of the wind emulated in Roy Montgomery's guitar. The Road To Diamond Harbour saturates with overdrive at the night, and they turn the ravens like indicating the hour destined to die.
It is the first disc that the artist of New Zealand throws, in her empty island he submerges inside the mind to give reality and vitality to his work as initiation to the new world that offers us here.
Desde que cierro mis ojos, las sombras en su funcionamiento natural, subyacente, al encuentro de un ramo de nubes detenidas en el aire, el hombre sentado frente a una mesa llena de artefactos imaginarios, con los cuales inicia su peregrinaje, habla con honestidad de su trabajo, cultivando, y crear una guitarra, dar vida a este maravilloso disco de melodías simples, cortes para cuerdas concretados con serenidad espiritual, un desierto de arenas oscuras, desde lo alto de una duna, donde vienen rodando las ramas secas que señalan la austera condición de su entorno, de un ambiente justo antes de llegar a mis pies, y se hunde cuando suena la primera nota, interpretando esa duda en la dualidad de los hechos, con perfección denota al miedo, esa fría caricia del hierro a la carne, cuando no es posible orientarse en la infinita posición de pertenencia, perdido al compás de los siguientes cortes, en la superficie negra, todos sus sentidos en un mantra, hasta que en Twilight Conversation reconocemos un hoyo, de fragancias vegetales, serán 2 metros al fondo, el alma penetra, en busca de agua, y de sobrevivir al encantamiento, que afuera sopla el viento emulado en la guitarra de Roy Montgomery. The Road To Diamond Harbour satura con distorción la noche, y vuelven los cuervos como señalando la hora destinada a morir.
Es el primer disco que lanza el artista de Nueva Zelandia, en su isla vacía se sumerge dentro de la mente para dar realidad y vitalidad a su obra como iniciación al nuevo mundo que nos ofrece aquí.
It is the first disc that the artist of New Zealand throws, in her empty island he submerges inside the mind to give reality and vitality to his work as initiation to the new world that offers us here.
Desde que cierro mis ojos, las sombras en su funcionamiento natural, subyacente, al encuentro de un ramo de nubes detenidas en el aire, el hombre sentado frente a una mesa llena de artefactos imaginarios, con los cuales inicia su peregrinaje, habla con honestidad de su trabajo, cultivando, y crear una guitarra, dar vida a este maravilloso disco de melodías simples, cortes para cuerdas concretados con serenidad espiritual, un desierto de arenas oscuras, desde lo alto de una duna, donde vienen rodando las ramas secas que señalan la austera condición de su entorno, de un ambiente justo antes de llegar a mis pies, y se hunde cuando suena la primera nota, interpretando esa duda en la dualidad de los hechos, con perfección denota al miedo, esa fría caricia del hierro a la carne, cuando no es posible orientarse en la infinita posición de pertenencia, perdido al compás de los siguientes cortes, en la superficie negra, todos sus sentidos en un mantra, hasta que en Twilight Conversation reconocemos un hoyo, de fragancias vegetales, serán 2 metros al fondo, el alma penetra, en busca de agua, y de sobrevivir al encantamiento, que afuera sopla el viento emulado en la guitarra de Roy Montgomery. The Road To Diamond Harbour satura con distorción la noche, y vuelven los cuervos como señalando la hora destinada a morir.
Es el primer disco que lanza el artista de Nueva Zelandia, en su isla vacía se sumerge dentro de la mente para dar realidad y vitalidad a su obra como iniciación al nuevo mundo que nos ofrece aquí.
Scenes From The South Island [1995]

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